Hay que reconocer que el papa Francisco da sorpresas. A finales del mes de julio del 2022, justo antes de su viaje apostólico a Canadá -una peregrinación penitencial-, la Santa Sede dio a luz pública el Motu Propio Ad charisma tuendum. También un día antes la Santa Sede sacó un documento, esta vez sin firma, aclarando y „no aclarando del todo” los límites del camino sinodal emprendido por la Iglesia Católica en Alemania.

A algunos les dio la impresión de que el Vaticano daba una de cal y otra de arena, sin posibilidad de contestar, sin pedir opinión a las partes, sin una sincera voluntad de diálogo. El papa se va lejos y cuando vuelve, el ferragosto italiano ya cierra puertas a todo el hacer del Vaticano. Aunque entiendo esa impresión, no la comparto, pues siempre veo a la Iglesia como una madre y a la Santa Sede como un instrumento de servicio sincero en la difusión del Evangelio.

Yo, como muchas otras personas, me enteré del asunto por internet, en concreto por la página de la Santa Sede Vatican News de ese día. Mi primera impresión fue que no es precisamente una buena noticia para la Obra, y que el Prelado, el Padre, seguramente no da saltos de alegría ante ese Motu Propio. Después de una reflexión más pausada y de leer la nota del Prelado y los ocho puntos aclaratorios de la Prelatura en su página oficial, merece la pena volver a leerlos y por eso pongo los links, me hice las siguientes preguntas:

  1. ¿Se puede interpretar el Motu Propio Ad charisma tuendum como un paso del papa Francisco y de la Santa Sede hacia la visión de las prelaturas personales como organizaciones de carácter asociativo y no de carácter jerárquico?
  2. ¿De qué manera se unen el carisma con la jerarquía? ¿No deberían apoyarse mutuamente sin lugar a la oposición?
  3. Exactamente, ¿qué quieren expresar estas palabras del Motu Propio:  „para la protección del don especial del Espíritu, es necesaria una forma de gobierno fundada más en el carisma que en la autoridad jerárquica”? ¿Qué carácter tiene esa forma de gobierno?
  4. ¿Los fieles laicos de la Prelatura Opus Dei están de alguna manera bajo la jurisdicción del Prelado?
  5. Si la prelatura del Opus Dei, con su carisma universal, es una institución de carácter jerárquico, ¿por qué motivo no es obispo el Prelado en una institución con tal número de clero (más de dos mil sacerdotes)?
  6. Si un sesenta por ciento de los miembros de la Prelatura del Opus Dei son mujeres, ¿cómo se explica que dependa de la Congregación para asuntos del clero?

Bueno, hay muchas más preguntas, pero voy a ir concretando respuestas y opiniones. Que el asunto es importante para el Opus Dei es evidente. Que tampoco está claro lo que quiere la Santa Sede, también es evidente. Basta recordar que a los pocos días aparecieron dos artículos en la revista Omnes (que aunque no sea una voz representativa de la Obra, su director es sacerdote de la Prelatura) con una interpretación del motu propio Ad charisma tuendum de acuerdo con el carácter jerárquico del Opus Dei.

El primer artículo es de Giuseppe Comotti, profesor ordinario de Derecho Canónico y de Derecho eclesiástico. El segundo es de Luis Felipe Navarro, rector de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, Profesor de Derecho de la Persona, Consultor del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Para mejor comprender la unidad entre carisma e institución es necesario volver a leer la Carta Iuvenescit Ecclesiae de la Congregación de la Doctrina de la Fe, dirigida a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la relación entre los dones jerárquicos y carismáticos para la vida y misión de la Iglesia. Publicada cuando estaba el cardenal Müller como prefecto, con fecha 16 de mayo del 2016. Cito el siguiente fragmento:

¨Desde el punto de vista de la relación entre los diversos dones jerárquicos y carismáticos es necesario respetar dos criterios fundamentales que deben ser considerados inseparablemente: a) el respeto por las características carismáticas de cada uno de los grupos eclesiales, evitando forzamientos jurídicos que mortifiquen la novedad de la cual la experiencia específica es portadora. De este modo se evitará que los diversos carismas puedan considerarse como recursos no diferenciados dentro de la Iglesia. b) El respeto del regimen eclesial fundamental, favoreciendo la promoción activa de los dones carismáticos en la vida de la Iglesia universal y particular, evitando que la realidad carismática se conciba paralelamente a la vida de la Iglesia y no en una referencia ordenada a los dones jerárquicos¨.

Antes de pasar a exponer mi opinión personal de todo este material me parece oportuno y necesario leer la voz de Prelatura de Vikipedia, en castellano. Es un artículo que expone, me parece que con objetividad y rigurosidad, el estado actual de lo que es o no es una prelatura.

Opinión personal. Estoy totalmente de acuerdo con el papa Francisco que lo importante es el carisma y que esto es lo que hay que afirmar y vivir en la vida personal y social de los miembros del Opus Dei. Quisiera explicar algo de ese carisma.

Cuando conocí el Opus Dei, a principios de los años setenta en Madrid, en mi barrio de Argüelles, me llamaron la atención tres cosas:

1. La insistencia en estudiar, en cumplir muy bien mis obligaciones profesionales. Como entonces era bachiller debía tomarme en serio las clases y estudiar para sacar las mejores calificaciones que pudiera. Una obligación que no se quedaba en teoría o en deseo ineficaz pues en aquel centro de la Obra de la calle Princesa, iba sobre todo para pasar muchas horas en la sala de estudio. No hay cristianismo sin el respeto a uno mismo, sin el cumplimiento cabal de los propios deberes. En la Obra me enseñaron a tomarme en serio mi trabajo.

2. La importancia de estar abierto a los demás, tener amigos, dedicarles tiempo, animarles a que vinieran por el centro a estudiar o a los medios de formación (círculos, meditaciones, etc). En aquel grupo de gente la relación de unos con otros era primordial. No hay cristianismo sin apertura a los demás. En la Obra me siguieron enseñando el valor de la amistad.

3. La relación personal con Dios y concretamente con Jesucristo. Relación personal con Jesucristo repito. Y me enseñaron algo que nadie antes me había enseñado: la oración mental, el hablar con Dios de tú a Tú. En el oratorio o en la cima de la Mujer Muerta de la sierra madrileña. Y no era teoría sino práctica. Alguién empezaba la oración con una conocida ´oración introductoria´ – Señor mío y Dios mío, creo firmemente… Y leía pausadamente algunos puntos de Camino. Pausa, silencio, oración. Pasaban quince minutos y el que había empezado concluía: ¨Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, …¨. En el Opus Dei me enseñaron entonces y hasta el día de hoy cómo rezar: aprender a rezar, aprender a amar. Siempre recomenzando.

Tres elementos fundamentales: trabajo – apostolado – oración. Y todo sin que apareciera ningún ´cura´, ningún sacerdote. Todo era dirigido, llevado por gente ´normal´es decir por laicos, ni concienciados ni dejados de concienzar. Gente corriente, normal, del Opus Dei. El sacerdote dirigía la meditación una vez a la semana y si querías hablabas con él o te confesabas, pero en la vida del centro no tenía ninguna función de dirección y aparecía poco. No tenía protagonismo: hacía (servicio sacerdotal) y desaparecía. El apostolado de los laicos, ahí está la gran revolución que todavía muchos en la Iglesia Católica no entienden. Muchos piensan que lo importante en la Iglesia son los sacerdotes, los obispos, los religiosos o el papa. No, es esa una visión deformada de lo qué es la Iglesia y de su misión. Una mentalidad clerical que lleva siglos invadiendo la vida y las estructuras de la Iglesia. A ver si consigo aclarar mejor mis ideas.

En la eclesiología de comunión del concilio Vaticano II, la idea de pueblo de Dios lleva consigo la conciencia que la Iglesia existe para llevar a todos los hombres la buena noticia de la salvación en Cristo: el evangelio. Todos somos miembros del pueblo de Dios, todos llamados a la santidad y al apostolado. Junto con la evangelización viene la fuerza de la gracia que en parte está institucionalizado por la acción sacramental, pues también muchísimas más gracias las recibimos sin la mediación de los sacramentos.

La Iglesia se entiende desde su misión evangelizadora y el sujeto depositario de esa misión son todos sus miembros. Por eso en la Iglesia todos somos iguales por la condición de ser fieles, pero de modo especial la misión de evangelizar y transformar el mundo con la doctrina y la vida de Cristo recae en los laicos. El ministerio sacerdotal es un servicio al sacerdocio real de los fieles: ellos son lo importante, ellos tiene que llevar a Cristo a todas partes.

La jerarquía en la Iglesia, que procede del sacramento del orden, está al servicio de los fieles. Por eso lo importante de un párroco, de un obispo o de un papa es predicar el evangelio e impartir los medios de la gracia, los sacramentos, y encaminar a los fieles cristianos para que vivan su vida con Cristo en el lugar de su trabajo y familia, en el mundo. Un párroco tiene que ser consciente que su trabajo de organización, de evangelización y sacramentalización, de servicio a la caridad está en orden a los fieles: ellos tiene que evangelizar, sacramentalizar (llevar a otros a los sacramentos), servir en la caridad. Si un cristiano participa en la vida evangelizadora de la parroquia, en la vida sacramental, en el servicio de la caridad y de la misericordia pero luego no trabaja bien, no cuida de su familia, no evangeliza en su entorno social y familiar, eso significa que ese fiel cristiano no es consciente de su misión de ser Iglesia y de llevar el Evangelio a todas partes, empezando por el lugar donde vive y trabaja. Esa es la misión del párroco: no llenar la iglesia, sino despertar en los fieles laicos su ser Iglesia, su misión evangelizadora, su vida corriente en Cristo.

Esa es la misión de la jerarquía en relación con los fieles: organizar la vida de la Iglesia y de los ministros ordenados para que los fieles cristianos corrientes tomen conciencia de su papel fundamental y primordial en la cristianización del mundo.

Por eso estoy totalmente de acuerdo que el carisma es lo más importante. Pero los carismas están al servicio de la unidad de la Iglesia y la jerarquía, con su poder institucional, debe servir a que esos carismas evangélicos se desarrollen y sean protegidos. Por este motivo me parece que el mejor modo de proteger y difundir el carisma del Opus Dei es con una institución de carácter universal que bajo la autoridad jerárquica del papa y del Prelado defienda, explique y exiga que los fieles laicos que a ella libremente se incorporen asuman su responsabilidad de ser Iglesia.

Dos interesantes artículos en inglés

https://letsrepent.org/2022/07/29/ad-charisma-tuendum-and-opus-dei/

https://www.ncregister.com/news/pope-francis-modifies-governance-of-opus-dei-what-will-it-mean

Opublikowane przez ignacysoler

Born in Alcañiz (Spain, 1955). Graduate of Mathematics (University Complutense, Madrid, 1977). Doctor of Theology (University Navarra, Pamplona, 1983). Priest of Prelature Opus Dei (Torreciudad, 1981). Living in Poland since 1994.

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